
Un tratamiento hidrófugo es un recubrimiento protector que se aplica sobre la superficie de un cristal para hacerlo repelente al agua, la suciedad y otros contaminantes. Este recubrimiento crea una capa invisible que modifica las propiedades del vidrio, reduciendo su tensión superficial. Como resultado, el agua y la suciedad no se adhieren fácilmente y se deslizan o forman gotas que se desplazan con facilidad.
El tratamiento hidrófugo utiliza compuestos químicos como silanos, siloxanos o fluoropolímeros que reaccionan con la superficie del vidrio, formando una capa molecular ultrafina. Esta capa proporciona propiedades hidrofóbicas (repelencia al agua) y oleofóbicas (repelencia a aceites y grasas), mejorando la limpieza y manteniendo la transparencia del cristal.
El principio del tratamiento hidrófugo se basa en la nanotecnología y en el llamado “efecto loto”, donde el agua forma gotas que se deslizan arrastrando la suciedad. La superficie tratada no retiene partículas de polvo, cal o grasa, lo que facilita la limpieza y prolonga la apariencia de transparencia y brillo del vidrio.
La aplicación requiere que la superficie esté limpia y seca. El proceso general es:
Limpieza del cristal para eliminar polvo, grasa y residuos anteriores.
Aplicación del producto con paño, esponja o pulverizador, dejando que actúe unos minutos.
Pulido y eliminación del exceso del producto, permitiendo que el recubrimiento se adhiera y cure en las horas siguientes.
El tratamiento no altera la transparencia ni el color del cristal.
El tratamiento es adecuado para vidrio y cristal, incluyendo:
Parabrisas y lunas de vehículos
Mamparas de ducha
Ventanas y ventanales exteriores
Fachadas acristaladas o muros cortina
Cristales de escaparates
La duración del tratamiento varía según la exposición y el uso, generalmente entre 6 meses y 2 años. En vehículos, puede durar entre 3 y 6 meses debido a la abrasión del limpiaparabrisas. En superficies fijas, su efecto puede mantenerse hasta 2 años. Se recomienda reaplicar periódicamente para mantener el efecto. La limpieza es sencilla, usando agua y un paño suave, evitando productos abrasivos o con silicona.
Facilita la limpieza del cristal al evitar que la suciedad se adhiera.
Mantiene la transparencia y el brillo por más tiempo.
Protege frente a depósitos minerales y manchas de cal.
Reduce la frecuencia y el esfuerzo de mantenimiento.
Mejora la visibilidad en parabrisas y vidrieras expuestas a lluvia.
Aporta mayor durabilidad a la superficie de vidrio.
No es un recubrimiento permanente; requiere reaplicación.
No corrige daños o arañazos existentes en el cristal.
Su efectividad depende de una correcta aplicación y limpieza previa.
En resumen, el tratamiento hidrófugo para cristales es una solución eficaz para proteger el vidrio, mantenerlo limpio y mejorar su durabilidad, siendo especialmente útil en fachadas, ventanas, parabrisas y mamparas.